Hora del Cuento: “Pelirrojita”
Jueves 21 de Junio de 2012
Cancún, 19 de junio del 2012.-La Biblioteca Pública de la Casa de la Cultura en Cancún, invita a los niños de 6 a 13 años de edad para asistir a la Hora del Cuento el jueves 21 de Junio a las 5 de la tarde con el cuento “Pelirrojita” de la autoría de Maure-Aude Murail e ilustraciones de Claudia Legnazzi.

Como es costumbre la bibliotecaria señora María Isabel Flota Medrano acompañada de la señora Gerónima López Gómez nos adelanta: “Lo recuerdo, fue en vacaciones.

Hacía 30°C en el día y 25°C por la noche.

Una mañana, cuando estábamos en la playa de arena clara, se acercó una niña pelirrojita acompañada por su mamá.

-Esta niña es delicada –me dijo mi abuela. Por una instante dejé de mecerme en mi hamaca para ver con más detalle una “pelirrojita”.

En efecto, era blanca como la leche.

A esa hora éramos los únicos en la playa.
-Buenos días –dijo Abue.
La pelirrojita la miró sin decir nada. Pero su mamá nos sonrió.

Inmediatamente me di cuenta de que tenía ganas de hablar con Abue.
Así era siempre con Abue.

Todo el mundo venía a contarle sus pesares.

-¡Qué lugar tan encantador! –Dijo la señora en tanto se sentaba a la sombra de nuestra palmera-. Es una lástima que mi marido no haya podido venir. Es dentista, y … Perla, mi amor, ¿ya saludaste al niño?

¡Qué bonito nombre! –exclamó Abue.

La pelirrojita sonrió cortésmente.

-Es mi perla –dijo la señora-, ¡deseaba tanto tener una hijita! -una perla rara -dijo Abue para halagarla.
Mientras platicaba, la señora Perla jugueteaba con el collar que traía al cuello. Precisamente, un collar de perlas.

Bruce, ve a jugar con la niña –me dijo Abue.

Abue me estaba mandando a pasear. Yo sabía bien que era para hablar con la señora de todo tipo de desgracias. Perla echó a andar hacia el mar.

-¡No te asolees mucho! –Exclamó la señora-.

Ni estés mucho tiempo en el agua, mi amor…

-Déjela –dijo Abue-. ¡Así que su marido es dentista?

-sí, y trabaja catorce horas al día. Contestó la señora Perla-. Apenas lo veo a la hora de la cena.

Imagínese.

Me alejé. Una mano sujetó la mía.

-Corre –dijo-, vamos a escondernos.

Perla había hecho un escondite: un agujero profundo en la arena.

Tres árboles nos protegían de las miradas.

-¡Viste los árboles? –le dije a Perla-, tienen un círculo rojo.

-Quiere decir “veneno”, “muerte”, “peligro”.

-¿Cómo lo sabes?

-Ti Bó me lo dijo.

-¿Quién es Ti Bó?

Es el jardinero del mar.

“Está loca”, pensé.

Yo estaba más bien de pocas pulgas.

-¿A que jugamos? –preguntó Perla.

-A nada. Ni siquiera eres bonita.

Miré a Pelirrojita. No se veía enojada.

-Juguemos a buscar tesoros –me dijo.

-No hay tesoros –dijo entre dientes.

-Sí hay, en el mar. Con todos los barcos que se han hundido, ¡hay vajillas de plata, monedas de oro y collares de diamante!

Me tomo de la muñeca:

-¡Ven! Vamos a encontrarlos corrimos hasta el mar. El agua era color turquesa cerca de la playa y azul marino en el horizonte. Se me ocurrió una idea para encontrar los tesoros:

¡Les gustaría descubrir que aventuras vivirán Pelirrojita y Bruce?

Asistan este jueves a la Biblioteca de la Casa de la Cultura de Cancún, y se lo cuentan.

La entrada es libre. No falten.