Peña Nieto en Quintana Roo.
Lunes 18 de Febrero de 2013 hrs.
El anuncio del presidente Enrique Peña Nieto, sobre la inversión de más de 100 mil millones de pesos en importantes proyectos estratégicos en el país, hizo que los gobernadores de los estados turísticos, pusieran en alerta a sus estrategas, para presentar uno o varios de los proyectos que ambicionan desarrollar en las entidades que gobiernan.

Porque, aunque Peña Nieto enunció una serie de proyectos específicos, entre los que se encuentran, la construcción del tren trans peninsular de Mérida a diversos puntos de Quintana Roo y, la remodelación (o ampliación) del legendario aeropuerto de Chetumal, la millonaria inversión estará distribuida en todo México.

Peña Nieto fue muy claro: invertirán en proyectos que permitirán detonar el desarrollo del sector turístico, e impulsar el crecimiento económico del país. Por lo pronto, el tan cacareado aeropuerto de la Riviera Maya, al parecer quedará en la sala de espera.
Quizá, uno de los destinos que verá los beneficios del gobierno federal será, Acapulco. Y no porque la secretaria de turismo Claudia Ruiz Massieu Salinas sea oriunda de esa entidad, sino porque ese puerto, ha sido un punto emblemático dentro de la historia de México y, Peña Nieto lo sabe bien.

Para desgracia de Acapulco, tanto el sector empresarial hotelero y restaurantero, así como el gobierno municipal y estatal, y en especial el federal, lo dejaron caer hasta donde se encuentra ahora. Hace unos diez años atrás, luego de varios años de ausencia, acudí a su tradicional Tianguis turístico, me sorprendí de encontrarme a un Acapulco avejentado por el tiempo y el uso.

Hoteles de la zona Costera, antes de 5 estrellas, cubrían sus pisos y cuartos con un mobiliario que hacían recordar las películas que en pleno auge del puerto, actores de moda de esa época; Mauricio Garcés o Antonio Badú, lo promocionaban con gran éxito. Se sentía una brisa de tiempos muy añejos y, al asomarme a uno de los grandes ventanales, hasta se recreaba en la mente una escena de Silvia Pinal en sus mejores tiempos, sentada en una lancha recorriendo la bahía. Las escenas, parecieran ser las mismas de las famosas películas de los 50 y tantos y 60.

Quizá por ello, Peña Nieto decidió pasar unas vacaciones en ese puerto del pacífico, dando con ello un comienzo de confianza y solidaridad a un destino herido de muerte. Tendrán mucho, mucho trabajo. Sobre todo con los últimos acontecimientos criminales y violaciones que, dejaron muy mal parado al destino y al país.

En cuanto a Quintana Roo, se lució como siempre durante la visita presidencial. La calidad del servicio en los destinos turísticos en la entidad, hay que decirlo, es uno de los mejores en el mundo. Cozumel, principal anfitrión de presidentes, cumplió. Las bellezas naturales que aún abundan en la zona, enmarcan el desarrollo turístico que se ha triplicado en el estado pero, que recuerdan al ver las vastas zonas de vegetación, manglares y selva, que también se agotan si no impera un desarrollo sustentable.

Y, aunque Cancún no se puede apreciar a través de una grandiosa infraestructura como lo fue el hotel sede del evento turístico al que asistió Enrique Peña Nieto, seguramente se desplegó a los ojos del mandatario federal, cautivándolo como suele hacer con quien lo visita.

Al gobernador Borge, un entusiasta del turismo y de la promoción de Quintana Roo, le ha tocado en esta ocasión, una de las mejores épocas en los últimos 12 o 13 años, sobre todo para el sector turístico, al recibir a un presidente de México priista, que dejará en el pasado las revanchas políticas partidistas.

Atrás quedarán las miradas recelosas, las remesas tardías y los celos políticos de una entidad que, le gustase o no a la federación, aportaba (y aporta) una fuerza económica al país. A partir de ahora, el sector turístico se beneficiará, no solo con la conformación del gabinete turístico creado por el presidente Peña, sino con la incursión de una nueva generación de visionarios de la misma familia, el PRI, en diversas áreas de la administración pública federal, incluyendo a sus delegaciones. Si a Quintana Roo le va bien, a la federación mejor.